Desde la madrugada, miles de personas participaron del velatorio y, por la tarde, de la misa, antes del sepelio en la Catedral del primer obispo de Iguazú, el cura de la gente
No fue un hombre más. No fue un religioso más. Fue el pastor de miles, el abogado de los más débiles, el ejemplo de todos. Por eso la despedida de Joaquín Piña, el obispo emérito de Iguazú, fue multitudinaria y conmovedora.
El jesuita nacido el 25 de mayo de 1930 en Sabadell, Barcelona, España, falleció el lunes en Pilar, provincia de Buenos Aires, a los 83 años, como consecuencia de un infarto que sufrió cuando era trasladado para ser atendido por problemas vasculares.
Ayer, alrededor de las 18, dio inicio la misa de cuerpo presente en la Iglesia Catedral Virgen del Carmen y sus restos fueron sepultados dentro del templo, frente al altar mayor, cumpliendo con el propio pedido del religioso. Además de todos los sacerdotes de la diócesis, concelebró el rito el obispo de Oberá, Damián Bittar.
El cuerpo del primer obispo de la Diócesis de Iguazú llegó a su amada ciudad de las Cataratas en la madrugada de ayer. A las 6 comenzó el velatorio.
Al lugar durante todo el día se acercaron vecinos, referentes sociales, sacerdotes, religiosas y políticos, quienes en todo momento recordaron con alegría y amor a una persona que para muchos fue “el obispo de los más desprotegidos”.
En tanto, muchísimos fieles daban testimonio de los momentos vividos junto al padre obispo. “Cuando le notificaron que iba a ser obispo, él quedó muy sorprendido y siempre decía que nunca le preguntaron qué quería hacer. Así y todo, dejó su iglesia y con mucha fe se instaló en su Iguazú querido”, recordó un cura amigo.
Palabras como luchador social, humilde, defensor de los más necesitados, el cura de la gente y defensor de la buena política fueron denominadores comunes utilizados por los presentes para referirse a monseñor Piña.
Continuar el camino
Cerca de las 11, el obispo Marcelo Martorell se hizo presente para despedir los restos de su antecesor, y analizó: “Creo que hay que comprometerse con las cosas del tiempo, de la vida. Hay que ayudar a los más pobres y a los más necesitados, que es lo que él ha hecho aquí, en Misiones, y hay que seguir el camino que nos ha trazado”.
El prelado destacó que se continúa trabajando con el proyecto de Cáritas que Piña quería tanto.
“Nosotros hemos trabajado muy fuertemente llevando el proyecto de Cáritas a todas las parroquias, haciendo las viviendas, entregando el jarro de leche, tal como él me lo pidió”, detalló Martorell.
Además aprovechó para marcar la postura del jesuita: “Él me contó que muchos habían aprovechado algún pensamiento de él para verlo de otra manera. Era un hombre profundamente religioso, no era un hombre mundano ni temporal, como algunos lo tratan de pintar”.
En tanto, minutos después el intendente de Iguazú, Marcelo Sánchez -quien decretó tres días de duelo-, afirmó sobre Piña que “su trayectoria habla por sí sola, su misión pastoral es una cosa y otra la dinámica social que imprimió a través de sus actos. A mí me deja la reflexión de que sus acciones estaban por arriba de sus convicciones, con una muy fuerte autoridad moral”.
Por su parte, Claudio Salvador vocero y colaborador de don Joaquín desde hace una década, sostuvo que el obispo emérito tenía mucha paz y que había dicho muchas veces que su misión estaba cumplida, asegurando que sus colaboradores deberían seguir el camino: “Decía ‘ya cumplí mi misión, ahora quiero encontrarme con Jesús’”.
El velatorio mostró una vez más el prestigio ganado por Piña en la comunidad y en toda la provincia, no sólo por su cargo jerárquico, sino, sobre todo, por sus actitudes, su lucha y su testimonio coherente, al punto de que no sólo fieles católicos se contaban entre quienes fueron a darle el último adiós.
En todo momento se escuchaba a los vecinos de la ciudad recordar anécdotas junto a él. Otros optaron por orar en silencio pidiendo por su descanso en paz. Pero en las palabras de los presentes abundaban el amor, el agradecimiento y el dolor que sentían por la pérdida de una obispo tan querido como don Joaquín.
Minutos antes de la misa de despedida, dos pastores evangélicos, Clovis Eloy Kurtz, de la Iglesia Luterana Unida, y Pedro Kalmbach, de la Iglesia Evangélica del Río de la Plata, compartieron oraciones ecuménicas con los fieles presentes y destacaron el compañerismo y el afecto que Piña tenía para con sus colegas de otros credos.
Cerca de las 19, después de la ceremonia religiosa, los restos del obispo emérito, el que predicó la vida eterna, pero se preocupó por la de sus hermanos, fueron sepultados en la humilde morada que eligió.
Opiniones“Fui la creadora de la escuela Fortín Mbororé e Iriapú. Monseñor Piña fue mi compañero de trabajo, mi refugio espiritual, con su sencillez y amor hacia los guaraníes me acompañó muchísimo. Vivió y murió en la sencillez”.
Antonia Soto
Fue una guía para aquellas personas a las que les falta justicia y se sienten desprotegidas. Tenía una visión muy profunda, la gente se sentía atraída hacia él”.
José Antonio Villaverde
“Cuando era joven veía a un hombre que desde muy temprano recibía a los jóvenes, me sorprendió que fuera el obispo y tuviera esa cercanía, esa parte humana. A las religiosas nos incentivaba al compromiso hacia los más jóvenes”.
Hermana Milena“Era un hombre de bien. Nosotros priorizamos la pobreza, los hermanos guaraníes y la tierra. Él estaba de acuerdo con que la tierra fuera privada, pero para todos”.
Juan Yahdjian
“Yo fui ordenado por el obispo Piña, lo conozco como un hombre de mucha entrega, fe y oración. Para mí fue un padre, pastor. Su sencillez y forma de vivir el evangelio fue su enseñanza”.
Padre Eduardo González
El jesuita nacido el 25 de mayo de 1930 en Sabadell, Barcelona, España, falleció el lunes en Pilar, provincia de Buenos Aires, a los 83 años, como consecuencia de un infarto que sufrió cuando era trasladado para ser atendido por problemas vasculares.
Ayer, alrededor de las 18, dio inicio la misa de cuerpo presente en la Iglesia Catedral Virgen del Carmen y sus restos fueron sepultados dentro del templo, frente al altar mayor, cumpliendo con el propio pedido del religioso. Además de todos los sacerdotes de la diócesis, concelebró el rito el obispo de Oberá, Damián Bittar.
El cuerpo del primer obispo de la Diócesis de Iguazú llegó a su amada ciudad de las Cataratas en la madrugada de ayer. A las 6 comenzó el velatorio.
Al lugar durante todo el día se acercaron vecinos, referentes sociales, sacerdotes, religiosas y políticos, quienes en todo momento recordaron con alegría y amor a una persona que para muchos fue “el obispo de los más desprotegidos”.
En tanto, muchísimos fieles daban testimonio de los momentos vividos junto al padre obispo. “Cuando le notificaron que iba a ser obispo, él quedó muy sorprendido y siempre decía que nunca le preguntaron qué quería hacer. Así y todo, dejó su iglesia y con mucha fe se instaló en su Iguazú querido”, recordó un cura amigo.
Palabras como luchador social, humilde, defensor de los más necesitados, el cura de la gente y defensor de la buena política fueron denominadores comunes utilizados por los presentes para referirse a monseñor Piña.
Continuar el camino
Cerca de las 11, el obispo Marcelo Martorell se hizo presente para despedir los restos de su antecesor, y analizó: “Creo que hay que comprometerse con las cosas del tiempo, de la vida. Hay que ayudar a los más pobres y a los más necesitados, que es lo que él ha hecho aquí, en Misiones, y hay que seguir el camino que nos ha trazado”.
El prelado destacó que se continúa trabajando con el proyecto de Cáritas que Piña quería tanto.
“Nosotros hemos trabajado muy fuertemente llevando el proyecto de Cáritas a todas las parroquias, haciendo las viviendas, entregando el jarro de leche, tal como él me lo pidió”, detalló Martorell.
Además aprovechó para marcar la postura del jesuita: “Él me contó que muchos habían aprovechado algún pensamiento de él para verlo de otra manera. Era un hombre profundamente religioso, no era un hombre mundano ni temporal, como algunos lo tratan de pintar”.
En tanto, minutos después el intendente de Iguazú, Marcelo Sánchez -quien decretó tres días de duelo-, afirmó sobre Piña que “su trayectoria habla por sí sola, su misión pastoral es una cosa y otra la dinámica social que imprimió a través de sus actos. A mí me deja la reflexión de que sus acciones estaban por arriba de sus convicciones, con una muy fuerte autoridad moral”.
Por su parte, Claudio Salvador vocero y colaborador de don Joaquín desde hace una década, sostuvo que el obispo emérito tenía mucha paz y que había dicho muchas veces que su misión estaba cumplida, asegurando que sus colaboradores deberían seguir el camino: “Decía ‘ya cumplí mi misión, ahora quiero encontrarme con Jesús’”.
El velatorio mostró una vez más el prestigio ganado por Piña en la comunidad y en toda la provincia, no sólo por su cargo jerárquico, sino, sobre todo, por sus actitudes, su lucha y su testimonio coherente, al punto de que no sólo fieles católicos se contaban entre quienes fueron a darle el último adiós.
En todo momento se escuchaba a los vecinos de la ciudad recordar anécdotas junto a él. Otros optaron por orar en silencio pidiendo por su descanso en paz. Pero en las palabras de los presentes abundaban el amor, el agradecimiento y el dolor que sentían por la pérdida de una obispo tan querido como don Joaquín.
Minutos antes de la misa de despedida, dos pastores evangélicos, Clovis Eloy Kurtz, de la Iglesia Luterana Unida, y Pedro Kalmbach, de la Iglesia Evangélica del Río de la Plata, compartieron oraciones ecuménicas con los fieles presentes y destacaron el compañerismo y el afecto que Piña tenía para con sus colegas de otros credos.
Cerca de las 19, después de la ceremonia religiosa, los restos del obispo emérito, el que predicó la vida eterna, pero se preocupó por la de sus hermanos, fueron sepultados en la humilde morada que eligió.
Opiniones“Fui la creadora de la escuela Fortín Mbororé e Iriapú. Monseñor Piña fue mi compañero de trabajo, mi refugio espiritual, con su sencillez y amor hacia los guaraníes me acompañó muchísimo. Vivió y murió en la sencillez”.
Antonia Soto
Fue una guía para aquellas personas a las que les falta justicia y se sienten desprotegidas. Tenía una visión muy profunda, la gente se sentía atraída hacia él”.
José Antonio Villaverde
“Cuando era joven veía a un hombre que desde muy temprano recibía a los jóvenes, me sorprendió que fuera el obispo y tuviera esa cercanía, esa parte humana. A las religiosas nos incentivaba al compromiso hacia los más jóvenes”.
Hermana Milena“Era un hombre de bien. Nosotros priorizamos la pobreza, los hermanos guaraníes y la tierra. Él estaba de acuerdo con que la tierra fuera privada, pero para todos”.
Juan Yahdjian
“Yo fui ordenado por el obispo Piña, lo conozco como un hombre de mucha entrega, fe y oración. Para mí fue un padre, pastor. Su sencillez y forma de vivir el evangelio fue su enseñanza”.
Padre Eduardo González
