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12 de mayo de 2012

Firmaron convenio para el desarrollo sustentable en la reserva Yabotí


(misionesonline.net) Después de negociaciones extenuantes, las cuatro partes llegaron a un acuerdo el 17 de abril pasado. WLT terminó comprando por una cifra no revelada 4.000 de las 4.200 hectáreas del Lote 8 a Moconá SA, pero transfirió 1.500 a las tres comunidades guaraníes. Otras 1.500 quedarán en condominio por siete años entre los indígenas y Fundación Naturaleza del Futuro (FUNAFU), una ONG argentina en la que ha confiado WLT y que se dedica a la preservación, la investigación y el fomento del ecoturismo. Al acabar ese periodo, esas 1.500 hectáreas también pasarán a manos de los pueblos originarios. Las restantes 500 hectáreas adquiridas constituirán un condominio permanente entre FUNAFU y los guaraníes. Moconá SA no vendió 200 hectáreas, que tienen vista a la catarata y donde desarrollará un complejo de ecoturismo de “bajo impacto ambiental”, según Jiménez. El acuerdo establece que los indígenas podrán tener acceso también a esas 200 hectáreas, siempre y cuando no edifiquen allí casas, pero podrán usar, por ejemplos, los árboles medicinales o la miel.
“Los ambientalistas entendieron que los guaraníes les dan la mejor garantía de que se conservará el bosque”, comenta el consultor español. Los indígenas pusieron como condición al acuerdo que nadie podrá hacer allí investigaciones con plantas medicinales. Temen el robo de su biodiversidad.
“La Constitución argentina dice que las tierras eran indígenas, pero no se las daban”, expone Jiménez. Baigorri afirma que los guaraníes estaban cansados de esperar que algún día la justicia les diese la razón en su demanda contra el Estado argentino y Misiones, y por eso prefirieron suspender su reclamación judicial y aceptar el pacto. Los guaraníes quebraron su prejuicio a negociar con los blancos, según el consultor español.
“Ahora la FUNAFU y los guaraníes deben trabajar juntos para que los blancos no se coman la mata atlántica”, dice Jiménez. Hay caza furtiva y también un ganadero brasileño que cruza sus animales por la frontera para pastoreo y también cultiva en el Lote 8. La fundación ha tomado el compromiso de ocuparse de su desalojo. “Trabajamos con la consigna de ‘todos podemos decir lo que queramos abiertamente’ y así pasamos de adversarios a compañeros”, se enorgullece Jiménez. Todos debieron resignar más o menos. El tiempo dirá si el final es feliz.